Mes: junio 2011

  • Pisaq y Ollantaytambo

    Bien, comenzaba el segundo día en tierras andinas a eso de las 4:00 (maldito jetlag), así que aproveché el momento, para establecer el timing de los siguientes días. Ese días, tocaba Pisaq (aka Pisac) y Ollantaytambo, para acercarme a la noche a Aguas Calientes (a los pies del Machu Picchu). Primero había que buscar la estación de autobuses dirección a Pisaq, que son los que van hasta Calca. ¿Autobuses he dicho? Latas de sardinas, quería haber dicho. Bien, digo que en latas de sardinas, porque los precios de los taxis son bastante caros y en las latas, puedes viajar unos 30 km por unos 2 nuevos soles (0.50 euros al cambio). Lo malo, que son lentos y se llenan hasta los topes.

    Tras un poco más de una hora, estaba en Pisaq y tocaba regatear con los taxistas, para que me hicieran un buen precio, pues la ruinas de Pisaq, van escalando un cerro que hay detrás del pueblo. Lo habitual es hacerlo de arriba a abajo, unos 13 km por carretera, así que había que conseguir que el precio no fuera superior a 15 soles (leído en algún foro). Pero la cosa estaba complicada, ya que nadie quería subirme por ese precio, hasta que aparecieron 3 peruanas que iban a subir, así que compartimos el taxi por 7 soles / cabeza. Arriba, los guías ya empezaban a bombardear. Como iba sólo, me salía un ojo de la cara así que pregunté a las chicas peruanas si les interesaba compartir el guía, a lo que me dijeron que no, así que emprendí la visita sin guía. A los 10 metros, se me acercó el último guía que se me ofreció, indicándome que las chicas quería guía, pero ahora era yo el que no quería.

    Tras subir un poco, para ver la parte alta de la zona, fui bajando por el recorrido, hasta completarlo en unas 2 horas en pleno centro del pueblo. Como ya eran más de las 12:00 y a pesar de que no es mi hora habitual de comer, decidí entrar en un restaurante, donde no había más que peruanos) que encontré en la calle donde me bajé del autobús. Comí una sopa de pasta con patatas (aka papas) y zanahorias junto a un arroz salteado con verduras y una cerveza. Todo ello por 9.50 soles (10.00 contando la propina que les dejé) y eso que la cerveza (de 625 ml) costaba 6.50 soles. En definitiva, comí por 3 soles (menos de 1 euro) y si os digo la verdad, estaba o rica la comida.

    Tras llenar el estomago, me dirigí a la estación de autobuses para coger primeramente un autobús a Urumbamba y más tarde un colectivo: una furgoneta que hace las veces de taxi/autobús a un precio a medio camino entre el taxi y el autobús; camino a Ollantaytambo, último lugar donde se puede llegar por carretera de camino a Aguas Calientes. Antes de visitar las ruinas del pueblo, decidí ir a la estación de trenes para ver cuando era el primer tren económico que había para bajar a Aguas Calientes. El más barato (el que no tiene ninguna floritura saca perras de turistas), el Expedition, disponible para ese días salía a las 21:00. Me cagüen mi… si todavía eran las 15:00 y las ruinas se veían en una hora larga, cercana a dos horas, justo justo para cuando anochece. Así que estuve deambulando por el pueblo unas 3 horas y media, rato en el que aproveché para degustar una pizza estilo peruano, ya que no encontré un restaurante típico.

    A las 20:30, había que estar en la estación de trenes para a las 21:00 en punto salir rumbo a Aguas Calientes. En el camino, empezó a llover un poco, aunque poco a poco iba aumentando la intensidad (sin ser excesivo) y los que íbamos en el tren empezamos a preocuparnos un poco, porque nos temíamos que a la mañana siguiente podía llover y con ello, llevar al traste nuestra intención de ver el Machu Picchu. Así que un poco preocupados, llegamos a Aguas Calientes, donde para mi sorpresa, me esperaban del hostal que había reservado en el pueblo (aunque aquí a cualquier cosa le llaman ciudad), ya que no les había indicado en que tren llegaba (pobres, a lo mejor estuvieron todo el día bajando a la estación a esperarme).

    Llegué al hotel a eso de las 23:00 y tras charlar un rato con el chico de recepción, donde por cierto tienen una máquina con Linux (el escritorio era un Gnome un poco viejo); me marché a dormir, pues la mañana siguiente, tocaba madrugar para conseguir plaza para subir al Wayna Picchu (sólo hay 400 plazas).

  • Cusco: Capital del Imperio Inka

    Aprovechando que estoy “encerrado” en el hotel, os voy a contar como está yendo el viaje por Perú.

    La aventura comenzó el viernes día 18 de junio a las 20:30, antes de lo previsto y es que cuando llegué al aeropuerto para facturar, me encontré con que me adelantaban el vuelo Bilbo – Madrid, ya que tenía que hacer muchas conexiones (Bilbo – Madrid, Madrid – Lima y Lima – Cusco) y la chica del mostrador me dijo que dado que el avión que yo tenía era el último, ella me aconsejaba coger el anterior (que salía una hora antes).

    En un principio le dije que no, que quería salir en el que tenía programado, porque aún no me había despedido de mis familiares, que estaban aparcando. Pero ella insistió y me dijo que si pasaba algo (refiriéndose claramente a una demora), que no iba a malgastar una hora, sino un día entero, porque en caso de perder la conexión Madrid – Lima, no había otro hasta el día siguiente.

    Afortunadamente, mis familiares llegaron a tiempo para despedirse y tomé rumbo a Madrid. Pero casualidad de las casualidades, el avión salía con retraso, dado que la ruta Madrid – Bilbo (y viceversa) está registrando retrasos de hasta media hora. Vamos, que al final sólo malgasté media hora más en Madrid.

    Ya en Madrid, llegó la tan temida tarea para mi de tener que pasar la aduana. Bueno, en realidad mi relación con las fuerzas de seguridad del estado (que dice Galder), no ha sido buena desde que hace un par de años tuve un encontronazo y un poco fuera de lugar con uno de ellos. A lo que iba, no sé si será por mi nombre, el lugar en el que vivo, por mis pintas o por todo junto, pero siempre suelo tener algún que otro “problemilla”: “a donde va usted”, “de donde viene usted”, tecleo de mi número de pasaporte en el ordenador para no se qué… pero esta vez, el señor Policía Nacional, fue bastante amigable e incluso me deseó buen viaje. Lo que son las cosas…

    Tras más de 11 horas de vuelo, que se me pasaron rápidamente, ya que por segunda vez en mi vida, pude dormir durante el viaje; ya estaba en Perú, concretamente en Lima, su capital. Tocaba recoger la mochila, a pesar de que esta estaba facturada hasta Cusco, ya que tenía que pasar la aduana y por este motivo, la mochila, la tenía que recoger en Lima, para facturarla de nuevo a Cusco.

    A las 8:55, quince minutos antes de lo previsto, aterrizábamos en Cusco, capital del Imperio Inka. Al principio estaba un poco acojonado, ya que la ciudad se encuentra a unos 3350 msnm y es habitual en la gente que no está acostumbrada a esas alturas sufra del mal de alturas o soroche. Para evitarlo, recomiendan hacer una pequeña aclimatación, en el caso de Perú, hacer el recorrido inverso al que yo voy a hacer (aunque discrepo al respecto y poco a poco lo veréis). Otra opción es subir montañas de más de 2500 msnm, para que el cuerpo se vaya acostumbrando a la diferente saturación del oxigeno en el aire. Si os soy sincero, yo sólo he estado una vez por encima de los 2000 msnm y fue el año pasado, cuando subí al Fuji en Japón. Aquella vez, si que me dio una especie de mal de altura, aunque el único síntoma que sufrí fue un cansacio extremo que apareció de la nada. Es posible que este fuera causado por la velocidad a la que subimos (6h para subir un desnivel de 1300 metros, empezando en una cota de unos 2400 msnm), ya que viendo como bajaban algunos a mitad de camino (alguno lo llevaban arrastrando), casi que descarto que fuera el soroche.

    Para mi alivio, no tuve ni he tenido (hasta ahora) ningún problema de aclimatación y eso es bueno, ya que la gente suele tardar entre uno y varios días en conseguir que su cabeza no le duela, que su cuerpo funcione de forma correcta, que no vomiten…

    Tras una ducha rápida, bajé a dar una vuelta a la Plaza de Armas, mientras esperaba a que vienesen a entregarme el billete (aka boleto) de autobús para dentro de unos días entre Cusco y Puno; para ver que se cocía. Casualidad de las casualidades, siendo esta época del año cercana al solsticio de Invierno (sí, sí, habéis leído bien: en el hemisferio sur ahora van a entrar / han entrado en el invierno), así que la plaza estaba llena de gente y había un desfile de no se qué.

    Tras recoger el billete, tenía como unas dos horas hasta comenzar el “city tour” que le llaman y que consiste en visitar las cosas más importes de la ciudad. Pero mientras llegaba la hora, me fui en busca de Miguel Medina, cantante del grupo Doom DESPONDENT CHANTS para ver si me podía pasar una copia de sus disco. Estuve charlando con él un rato acerca de la escena en Perú (que poco a poco va creciendo) y ya me despedí de él hasta otro día para comprar un par de libros en la librería en la que trabaja; ya que había llegado la hora del “city tour”.

    Mientras nos llevaban al punto de partida, estuve hablando un poco con un señor alemán (cada uno con su limitado inglés XD) que se hospedaba en el mismo hotel que yo. Hablamos un poco de Perú, motos e incluso de Gernika. Al llegar a la Plaza de Armas (punto de partida) nos separaron en varios grupos: unos grupos eran en inglés, otros en frances, otros en castellano… y poco a poco fueron enseñándonos los “puntos fuertes” de la ciudad: Catedral, Qoricancha, Sacsahuaman, Qenqo, Pukapukara y Tambomachay.

    Como habéis leído, las dos primeras visitas que hicimos fueron a la catedral y al templo de Qoricancha, vamos un tostón (incluso estuve a punto de pensar en voz alta la mítica frase de Homer Simpson: me aburró!!). Además, se ve que nuestro guía era un poco religioso ya que no hacía más que alabar los templos, las obras… Curioso también es que mientras nuestro guía no comentó nada al respecto, algunos guías (de habla inglesa) si que hicieron bastante hincapié en el tema de la colonización y cuan negativo fue para la zona.

    A la tarde-noche, visitamos las ruinas más importantes de la ciudad: Sacsahuaman, Qenqo, Pukapukara y Tambomachay. La visita la hicimos de forma escalonada, ganando altura poco a poco, para evitar que la gente sintiera el soroche, ya que alguna de las ruinas está cerca de los 4000 msnm (3762 msnm exactamente). Por cierto, si se va a visitar tanto las ruinas de la ciudad, como la de los pueblos de alrededor (excepto el Machu Picchu), hay que comprar el boleto turístico, que nos permite entrar en todos los recintos por 130 soles (70 si tienes carné de estudiante internacional).

    Y así, sin darnos cuenta, llegó la noche (a eso de las 18:00) y finalizó el city tour. Conclusión: un tour guiado, está bien si tienes poco tiempo y 0 ganas de prepararte una ruta, sino, es algo de lo que se puede prescindir, ya que las visitas son con calzador (20 minutos aquí, 30 minutos allí…) y no siempre se le dedica el tiempo necesario a cada cosa, que es algo subjetivo, ya que a cada cual le puede interesar una cosa u otra.

    A la noche, cena en un restaurante no muy lejano del hostal: una especie de empanadillas de jamón y queso, pero cubiertas con una masa de maíz; y un poco de alpaca (está muy rica y 0 grasas) junto a un zumo variado, antes de meterme en la cama.